Cuentos completos
Cuentos completos —No era mi intención ofender, se lo aseguro. No es más que un dicho, una especie de broma, ya saben…, nada más. ¿Es pariente suyo?
Sally dominó su ardiente ansiedad y respondió con toda la indiferencia que pudo aparentar:
—Yo…, bueno, no que yo sepa. Pero hemos oÃdo hablar de él. —El editor, agradecido, se tranquilizó y recobró la compostura. Sally añadió—: ¿Y está…, está bien?
—¿Que si está bien? ¡Diantre, pero si lleva cinco años criando malvas!
Los Foster mostraron una compunción dolorida, aunque más bien parecÃa regocijada. Sally dijo, con despreocupada resignación… y tanteando el terreno:
—Ah, bueno; asà es la vida, y nadie escapa: ni siquiera los más ricos.
El editor se echó a reÃr.
—Si pretende incluir a Tilbury entre estos —dijo—, está muy equivocado. No tenÃa un centavo. ¡Tuvo que enterrarlo el pueblo!
Los Foster se quedaron petrificados durante dos minutos; petrificados y frÃos. Luego, totalmente pálido y con una voz muy débil, Sally preguntó:
—¿Es eso cierto? ¿Está seguro de ello?