Cuentos completos
Cuentos completos —¡El sábado! Claro, ahora que lo pienso sà que lo sabÃa. No sé qué me pasa últimamente. Pues claro que lo sabÃa. ¿Acaso no estamos todos preparándonos para recibirla? Bueno, ahora debo irme. Pero ¡aquà estaré cuando ella llegue, amigo!
A última hora de la tarde del viernes otro veterano canoso se acercó con paso pesado desde su cabaña, situada aproximadamente a una milla de distancia, y dijo que a los chicos les gustarÃa divertirse un poco el sábado por la noche, si Henry creÃa que ella no estarÃa demasiado cansada después del viaje para que estuviera con ellos.
—¿Cansada? ¿Ella, cansada? Pero ¡qué dice este hombre! Joe, sabe de sobras que serÃa capaz de no pegar ojo en seis semanas con tal de complacer a cualquiera de ustedes.
Cuando Joe supo que habÃa una carta, quiso que se la leyeran, y los afectuosos mensajes que contenÃa dejaron al tipo destrozado, pero se justificó alegando que era un viejo chocho y que le ocurrirÃa lo mismo si ella tan solo mencionara su nombre.
—Dios mÃo, la echamos tanto de menos… —dijo.
El sábado por la tarde me descubrà consultando el reloj con bastante frecuencia. Henry lo notó y dijo, con expresión sorprendida: