Cuentos completos
Cuentos completos —Hace muchÃsimos años, yo era un joven artista…, de hecho, muy joven, que vagaba de aldea en aldea por toda la campiña de Francia, pintando bocetos aquà y allá, hasta que acabé uniéndome a una pareja de simpáticos muchachos franceses que llevaban el mismo género de vida que yo. Éramos tan felices como pobres, o tan pobres como felices, como usted prefiera. Mis amigos se llamaban Claude Frère y Carl Boulanger: dos tipos queridos y entrañables, los espÃritus más luminosos que jamás se burlaron de la miseria y que disfrutaban noblemente de cuanto les deparara la vida.
»Al fin, nuestro errar se interrumpió en un pueblecito bretón, donde un pintor tan pobre como nosotros nos acogió y nos salvó literalmente de morir de hambre: François Millet…
—¡Cómo! ¿El gran François Millet?
—¿Gran…? En aquel tiempo, no era mucho más grande que nosotros. No gozaba de ninguna fama, ni siquiera en su pueblo; y hasta tal punto llegaba su pobreza que solo podÃa ofrecernos unos pocos nabos, e incluso a veces los nabos solÃan faltar. Los cuatro nos convertimos pronto en amigos Ãntimos, inseparables. Pintábamos con afán y dedicación, acumulando cada vez más y más material, pero difÃcilmente vendÃamos algo. Pasamos juntos momentos maravillosos, pero… ¡oh, Dios, cuántas horas de amargura vivimos también!