Cuentos completos
Cuentos completos »Transcurrieron asà poco más de dos años. Hasta que, un dÃa, Claude dijo:
»—Muchachos, esto se acaba. ¿Es que no os dais cuenta? Es el fin. La gente se ha hartado, y en el pueblo se ha formado una liga contra nosotros. Vengo de allá y puedo aseguraros que es cierto cuanto os digo. Se niegan a fiarnos un solo céntimo más mientras no hayamos saldado todas las cuentas pendientes.
»Un escalofrÃo nos recorrió el cuerpo. Nuestros rostros palidecieron por la angustia. Comprendimos que nuestra situación era desesperada. Siguió un largo silencio. Finalmente, Millet dijo con un suspiro:
»—No se me ocurre ninguna idea… Nada. Pensad algo, muchachos.
»Nadie respondió, a menos que pueda llamarse respuesta a un lúgubre silencio. Carl se levantó y comenzó a caminar de un lado a otro nerviosamente; luego dijo:
»—¡Es una vergüenza! Mirad esos lienzos: montones y más montones de cuadros tan buenos como los mejores que se pintan en Europa…, como los mejores. SÃ. Y muchos forasteros que han pasado por aquà asà lo han afirmado…, prácticamente.
»—Pero no han comprado —respondió Millet.
»—No importa, lo han afirmado. Y, además, es verdad. Mira tu Angelus. ¿Quién se atreverÃa a decir…?