El Forastero Misterioso
El Forastero Misterioso En ese momento estábamos viajando y nos detuvimos en una pequeña ciudad de la India, donde nos quedamos mirando un rato a un malabarista que hacÃa sus trucos delante de un grupo de nativos. Eran extraordinarios, pero yo sabÃa que Satán podÃa hacerlo mejor, y le pedà que presumiera un poco; él aceptó. Se convirtió en un nativo con turbante y calzones y tuvo el detalle de concederme —de forma temporal— la capacidad de entender el lenguaje.
El malabarista mostró una semilla, la cubrió con tierra en una maceta pequeña, colocó un harapo sobre la maceta y, al cabo de un minuto, el pedazo de tela empezó a elevarse. En diez minutos habÃa crecido medio metro. Retiró la tela y dejó a la vista un árbol pequeño, con hojas y frutos maduros. Nos comimos la fruta y estaba buena. Pero Satán dijo:
—¿Por qué cubres la maceta? ¿No puedes hacer que el árbol crezca a la luz del sol?
—No —dijo el malabarista—, eso nadie puede hacerlo.
—No eres más que un aprendiz; no conoces tu oficio. Dame la semilla. Te lo demostraré —tomó la semilla y dijo—: ¿Qué saldrá de ella?
—Es una semilla de cerezo, por lo que saldrá un cerezo, claro.
—No, eso es una naderÃa; cualquier novato puede hacerlo. ¿Quieres que haga brotar un naranjo?