El Forastero Misterioso
El Forastero Misterioso —¡Oh, sÃ! —y el malabarista se rió.
—¿Y que de él nazcan otras frutas, además de las naranjas?
—¡Si es deseo de Dios! —y se rieron todos.
Satán puso la semilla en el suelo, la cubrió con un poco de tierra y dijo:
—¡Crece!
Brotó un tallo diminuto y empezó a crecer. Creció tan rápido que en cinco minutos era un árbol enorme, bajo cuya sombra nos sentábamos. Se produjo un murmullo de asombro; entonces todos miraron hacia arriba y contemplaron una imagen hermosa y muy rara, porque las ramas estaban cargadas de frutos de muchas clases y colores: naranjas, uvas, plátanos, melocotones, cerezas, albaricoques, etcétera. Trajeron cestas y comenzaron a descargar el árbol; la gente se arremolinaba alrededor de Satán y le besaba la mano, lo alababa y lo llamaba prÃncipe de los malabaristas. La noticia se extendió por el pueblo y todo el mundo llegó corriendo para ver aquella maravilla, sin olvidarse de llevar cestas. El árbol no decepcionó a nadie: tan rápido como le arrancaban las frutas, producÃa más. Se llenaron decenas y cientos de cestas, pero las frutas no se acababan. Por fin, apareció un extranjero vestido de lino blanco, con salacot, que exclamó enfadado:
—¡Fuera de aquÃ! Marchaos todos, perros. El árbol está en mis tierras y es de mi propiedad.