El Forastero Misterioso
El Forastero Misterioso —¿Nunca lo habÃas sospechado, Theodor?
—No. ¿Cómo iba a sospecharlo? Pero si eso es verdad…
—Es verdad.
Una explosión de agradecimiento brotó en mi pecho, aunque una duda la frenó antes de que pudiera expresarla en palabras, y dije:
—Pero… pero hemos visto esa vida futura; la hemos visto en toda su realidad, asà que…
—Era una visión, no existÃa.
Casi no podÃa respirar, debido a la enorme esperanza que luchaba en mi interior.
—¿Una visión? ¿Una vi…?
—La vida en sà es sólo una visión, un sueño.
Fue como una descarga eléctrica. ¡Dios mÃo! ¡Aquel mismo pensamiento se me habÃa ocurrido mil veces en mis meditaciones!
—Nada existe; todo es un sueño. Dios, el hombre, el mundo, el sol, la luna, la infinidad del espacio: un sueño, todo es un sueño; no existen. ¡Nada existe, excepto el espacio vacÃo… y tú!
—¡Yo!