El Forastero Misterioso
El Forastero Misterioso ¡Un ángel que mataba a un sacerdote! ¡Un ángel que no sabÃa hacer el mal y que sin embargo mataba, a sangre frÃa, a cientos de pobres e indefensos hombres y mujeres que no le habÃan hecho daño alguno! Nos ponÃa enfermos la visión de tan horrible acto, y pensar que ninguna de aquellas pobres criaturas estaba preparada —excepto el sacerdote—, porque ninguna de ellas habÃa oÃdo misa jamás, ni visto una iglesia. Nosotros éramos testigos: habÃamos visto cometer aquellos asesinatos y tenÃamos el deber de contarlo, dejando que la ley siguiese su curso.
Pero él continuó hablando sin más, y volvió a hechizarnos con aquella música funesta de su voz. Hizo que lo olvidáramos todo: sólo éramos capaces de escucharlo, amarlo y ser sus esclavos, permitiendo que hiciera con nosotros lo que quisiera. Nos embriagó con la alegrÃa de estar a su lado, de poder ver el cielo en sus ojos, y de sentir el éxtasis que recorrÃa nuestras venas cuando su mano nos tocaba.