El Forastero Misterioso
El Forastero Misterioso —Pero vuestro tÃo es un caballero, ¿no es cierto? —preguntó Marget.
—Sà —contestó Satán, indiferente—, algunos como cumplido hasta lo llaman prÃncipe; pero no es intolerante. Para él, el mérito personal lo es todo, y el rango, nada.
Yo tenÃa una mano relajada, colgando de la silla. Agnes se acercó y la lamió, y con ese acto, se me reveló un secreto. Intenté decir: «Todo es un error. Esta es una gata normal y corriente: los pelos de la lengua le crecen hacia dentro, y no hacia fuera». Pero las palabras no salieron, porque no podÃan. Satán me sonrió y yo lo entendÃ.