El Forastero Misterioso
El Forastero Misterioso Y así la pobre Marget volvió a tener compañía, por lo que se sentía más que feliz. Era como casi todo el mundo: humana; se alegraba cuando las cosas le iban bien y no se mostraba reacia a presumir un poco. Y se sentía humanamente agradecida porque el pueblo y sus amigos la trataban con cariño y le sonreían. Y es que de todas las dificultades, el desdén de los vecinos y la soledad del desprecio pueden ser las más difíciles.
Habían bajado la barrera y ya podíamos ir, cosa que hicimos —con nuestros padres y todo— día tras día. La gata hacía grandes esfuerzos. Proporcionaba lo mejor de lo mejor a aquellas visitas, y en abundancia; incluso había algunos platos y unos cuantos vinos que no habían probado antes, y de los que no habían oído hablar, excepto indirectamente y a los criados del príncipe. Las vajillas también eran especiales.