El Forastero Misterioso
El Forastero Misterioso Marget se preocupaba a veces y bombardeaba a Ursula con tantas preguntas que la hacía sentirse violenta. Pero Ursula se mantenía firme y siempre decía que era cosa de la providencia, sin hablar de la gata. Marget sabía que para la providencia no había nada imposible, pero no podía evitar las dudas respecto a que fuera ella la responsable de todo aquello; aunque no se atrevía a decirlo por miedo al desastre. Pensó en si sería cosa de brujería, pero desterró el pensamiento porque había sido antes de que Gottfried fuera a trabajar a la casa, y sabía que Ursula era pía y odiaba a las brujas. Cuando Gottfried llegó, la providencia se había consolidado en aquella casa, firmemente atrincherada, y recibía todos los agradecimientos. La gata no protestaba, al contrario, la experiencia ganada le permitía mejorar en calidad y abundancia.