Juana de Arco
Juana de Arco —No podÃa hacerlo. No estaba autorizada. Ahora sÃ, y dentro de poco lo comunicaré a todos. De momento, sólo a vos. Hay que guardar el secreto algunos dÃas más.
—¿Ha visto alguien antes que yo ese resplandor?
—Nadie. A veces, la luz me ha sido enviada en presencia vuestra y de otras personas, pero no pudisteis verla. Hoy sÃ, la aparición fue distinta. Se me ha explicado la razón, y también que esa luz no volverá a ser visible para nadie.
—Entonces, ¿ha sido una señal destinada a m�… y una señal que encierra un significado… ¿pero cuál?
—En efecto, lo tiene, pero no puedo explicarlo.
—Y, además, resulta muy extraño que una luz tan brillante pueda aparecer ante nuestros ojos y no ser visible con claridad.
—Y no es sólo eso. La luz no aparece solamente, sino que viene acompañada con voces que hablan. Son voces de los santos, sobre un fondo de coros de ángeles. Yo puedo oÃrlos, pero los demás no. Las llamo «Mis Voces». Son muy queridas para mÃ.
—¿Y qué os dicen estas Voces?
—Muchas cosas… bueno, en relación con Francia, quiero decir.
—Pero ¿qué tipo de cosas? —insistÃa yo.
Con un suspiro, respondió: