Juana de Arco
Juana de Arco Me dirigà al castillo al mediodÃa siguiente y fui conducido al gran comedor, donde tenÃa reservado un sitio al lado del gobernador, en una mesita situada como dos escalones más alta que la mesa común. En la mesa pequeña se encontraban otros invitados, junto a mÃ, y en la general se situaban los oficiales y jefes de la guarnición. En la puerta de acceso formaba una guardia de alabarderos con casco y peto.
El único tema de conversación, convertido en tópico, no era más que éste: la desesperada situación de Francia. Según dijo alguno de los presentes, corrÃa el rumor de que Salisbury se estaba preparando para marchar sobre Orleáns. La noticia despertó encendidas conversaciones que se sucedieron ruidosamente, rápidas y agitadas. Unos pensaban que se pondrÃa muy pronto en acción, otros que no podrÃa estrechar el cerco antes del otoño, aquellos, que el sitio serÃa largo y resistido con valor, pero todos se mostraban de acuerdo en un hecho: Orleáns caerÃa, fatalmente, y con ella, toda Francia.