Juana de Arco
Juana de Arco —Los sabios varÃan de criterio, cuando se dan cuenta de su error. Estos cambiarán y caminarán a mi lado. Los veré enseguida… pero cómo… ¿todavÃa dudáis?, ¿no me creéis?
—SÃ, os creo, y ya no dudo… pero no es sólo eso… sin embargo, ahora recuerdo que estos dos caballeros no eran de allÃ, se encontraban de paso y se detuvieron en Vaucouleurs sólo un par de dÃas antes de continuar su camino.
—Volverán —añadió Juana—. Pero hablemos de lo más importante ahora. He venido a veros para exponeros mis instrucciones. Es necesario que me sigáis a Vaucouleurs dentro de unos dÃas. Procurad que vuestros asuntos queden resueltos, ya que estaréis fuera durante largo tiempo.
—¿Vendrán conmigo vuestros hermanos, Juan y Pedro?
—No. En estos momentos se negarÃan, pero lo harán más tarde, e incluso traerán con ellos la bendición de mis padres y su consentimiento para que lleve a término mi cometido. A partir de entonces, me sentiré más fuerte, y no como ahora que, al no contar con el favor de mis padres, me encuentro débil y triste —Juana se cortó por un momento y asomaron lágrimas en sus ojos. Luego, prosiguió—. Quiero despedirme de la Pequeña Mengette. Decidle que la espero al amanecer en las afueras del pueblo. Asà me hará compañÃa un rato…