Juana de Arco
Juana de Arco —Me alegra que hayas venido. La nuestra es una causa noble y, en los tiempos que corren, un hombre no debe quedarse cómodamente instalado junto al hogar.
—¡Sentado en el hogar! Para mà eso serÃa tan difÃcil como lo es al trueno permanecer oculto entre las nubes cuando la tormenta le reclama.
—Eso es una hermosa frase. Suena a cosa tuya.
Mis palabras le gustaron.
—Me alegra que me conozcáis. Hay gente que todavÃa no me conoce. Pero lo harán, de ahora en adelante. Me conocerán bien, antes de que yo acabe con esta guerra.
—Estoy seguro —respond×. Creo que por donde el peligro salga a tu encuentro, allà te distinguirás.
PaladÃn quedó encantado con mis palabras y se infló como un pavo.
—Si yo me conozco bien —y creo que s×, mis hazañas en esta guerra os darán ocasión más de una vez para recordar estas promesas mÃas.
—SerÃa necio ponerlas en duda. Estoy convencido.