Juana de Arco
Juana de Arco —¿Quién os ayudó?
—El gobernador.
—¿Cómo?
—Veréis. Será mejor que os cuente la historia completa. Vine desde Domrémy con el fin de contemplar la muchedumbre y el espectáculo de Vaucouleurs. Nunca habÃa tenido ocasión de ver tales cosas y, naturalmente, quise aprovechar la oportunidad, pero sin la más mÃnima intención de alistarme. Por el camino, di alcance a PaladÃn y le forcé un poco a que me hiciera compañÃa hasta que llegáramos a nuestro destino. Me dijo que no estaba dispuesto a ir conmigo, pero entre discusiones y chanzas, nos encontramos ya en Vaucouleurs, dando de manos a boca, sin advertirlo, con los soldados del gobernador iluminados por las antorchas de los guardias. Inmediatamente nos capturaron junto a otros cuatro más y nos añadieron a la escolta. Asà fue como me alisté. Pasado el primer momento, la verdad es que no lo siento; sobre todo, al pensar en lo aburrida que hubiera resultado mi vida en la aldea sin la compañÃa de PaladÃn.
—Y él, ¿cómo se ha tomado esto? ¿Estaba contento?
—Yo creo que se alegraba, en el fondo.
—¿Por qué pensáis as�