Juana de Arco
Juana de Arco —Si asà lo ordenáis, bien está. Pero ella va acompañada por dos caballeros que podrÃan aconsejarle continuar el camino, sobre todo si el tiempo mejorase algo.
Mientras se desarrollaba la conversación, yo estaba asustado e impaciente por salir de aquel peligro, y me llenaba de angustia que la demora de Juana aumentara el riesgo de la expedición. Sin embargo, pensaba que ella sabÃa mejor que yo la conducta a seguir para bien de todos. En esto, el oficial prosiguió:
—Bueno. Si acaso inician la marcha, convendrá que permanezcamos en este lugar para interceptarles el paso.
—Eso estarÃa bien siempre que vinieran por este camino. Pero ¿y si adelantan exploradores y averiguan lo suficiente como para intentar el cruce del puente de madera? ¿Os parece dejarlo útil, como está?
Al oÃr las palabras de Juana, sentà escalofrÃos.
El oficial, lo pensó un momento, y contestó:
—No me parece mal enviar un pelotón para eliminar el puente. HabÃa pensado tomarlo con todo mi escuadrón, pero ahora ya no es necesario.
Juana, con la mayor sangre frÃa, le sugirió:
—Si me concedéis vuestro permiso, yo mismo puedo ir a destruirlo.