Juana de Arco
Juana de Arco Al caballero Bertrand le divirtió mucho el desparpajo de Juana al tratar con el jefe enemigo, celebrando la facilidad con que engañó al comandante, a pesar de que no dijo nada falso. Al comprender esto, Juana quedó un poco avergonzada, por lo que hubo de explicar la situación:
—Me di cuenta de que él sólo se estaba engañando a sí mismo. Entonces, no quise mentirle, lo que hubiera sido una mala acción, pero utilizando la verdad, le confundí. Tal vez eso convierta la verdad en mentira, de modo que no he obrado bien, en todo caso. Ruego a Dios que me haga comprender si hice mal y le he ofendido.
Los demás la tranquilizaron, asegurándole que había obrado correctamente, ya que ante los riesgos que entraña la guerra, los recursos para burlar al adversario, ayudando la propia causa y perjudicando al enemigo, son admisibles. Sin embargo, Juana no se quedó tranquila y expresó la idea de que incluso cuando se lucha por una causa justa, se debía tomar la precaución de intentar primero, hasta el límite, los medios honrados.
Al oír esto, su hermano Juan hizo una observación:
—Recordarás, Juana, que saliste de casa con permiso para cuidar a la mujer de tío Laxart, pero nuestros padres ignoraban que irías a otro lugar mucho más lejano, llegando hasta Vaucouleurs, ¡ya ves!