Juana de Arco
Juana de Arco Por entonces, nos habíamos convertido en una tropa sucia, harapienta y desastrada. Pese a todo, como siempre, Juana era la más descansada de todos, en cuerpo y espíritu. Hicimos un promedio de treinta leguas cada noche, atravesando caminos angostos y peligrosos, lo cual suponía una marcha más que notable, mostrando lo que eran capaces de hacer unos hombres cuando están guiados por un jefe que sabe a dónde va y que está dotado de una resolución inquebrantable.