Juana de Arco
Juana de Arco Por entonces, el duque de Alençon, pariente del Rey, prisionero de guerra de los ingleses durante tres años, fue puesto en libertad, previo pago de un fuerte rescate. Como tuviera noticia del nombre y la fama de la Doncella —extendida ya por todas partes—, llegó a Chinon para conocerla y verla con sus propios ojos. El Rey mandó venir a Juana y se la presentó al duque. Ella le dijo, con su habitual sencillez:
—Sed bienvenido. Cuanto más sangre de Francia se una a nuestra causa, mejor será para conseguir su salvación.
El duque y Juana conversaron un rato y, cuando se separaron, volvió a ocurrir lo mismo de siempre: el duque se convirtió en amigo y defensor de Juana.