Juana de Arco
Juana de Arco En su informe, hicieron constar que el caso de Juana excedía a sus conocimientos, por lo que recomendaban que se pusiera en manos de los cultos e ilustres doctores de la Universidad de Poitiers. A continuación, dejaron el campo libre, facilitando, como último testimonio de sus trabajos, una recomendación final verdaderamente sabia: Juana era, según ellos, una «gentil y sencilla pastorcita, muy cándida, pero poco amiga de hablar». La opinión era cierta, al menos, por lo que a los sabios teólogos se refería. Pero si hubieran podido conocer a la joven, como nosotros en los felices prados de Domrémy, tan sólo hacía unos años, ya sabrían que Juana tenía una lengua ágil y veloz, capaz de ir lo suficientemente rápida, siempre que sus palabras no resultaran perjudiciales.