Juana de Arco

Juana de Arco

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Estas frases molestaron a Juana, que se puso de pie y replicó acaloradamente:

—No he venido a Poitiers a traer pruebas ni a hacer milagros. Enviadme a Orleáns y allí os daré pruebas suficientes ¡Confiadme soldados, pocos o muchos, y dejadme ir!

Brotaba fuego de sus ojos al hablar. ¡Qué imagen tan valerosa ofrecía! ¿Podéis imaginarla? Lo cierto es que se produjo una salva de aplausos y gritos de júbilo, que ella recibió enrojeciendo, ya que su talante humilde rechazaba cualquier atisbo de celebridad.

El intercambio de palabras y el asunto de la lengua francesa hizo perder puntos al hermano Séguin, mientras que el prestigio de Juana no se alteró. A pesar de su acritud, era aquel hombre recio y honrado, como puede comprobarse por la historia posterior. Al declarar en la Causa de Rehabilitación de Juana podía haber ocultado estos episodios en los que su actuación fue negativa, pero no lo hizo. Al contrario, se refirió a ellos con toda nobleza en sus manifestaciones al tribunal.

Al final del proceso —que duró tres semanas— los teólogos y doctores desencadenaron un ataque en toda línea, abrumando a Juana con argumentos extraídos de antiguos documentos eclesiásticos. La joven se encontraba a punto de caer, arrollada, hasta que reaccionó con singular energía:


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