Juana de Arco
Juana de Arco —Sin duda debo estar soñando, o borracho, o me engañan mis oÃdos… pero yo antes irÃa a…
—No importa dónde irÃais. Empezaremos por la mañana, y luego todo saldrá a pedir de boca. Vamos, no pongáis cara desolada. Dentro de poco no os importará.
La Hire trató de sobreponerse, pero no le fue posible. Suspiró como un ciclón y dijo:
—Bueno, lo haré por vos. Pero antes de hacerlo por otra persona, juro que…
—Pues no juréis. Olvidad esa mala costumbre.
—¿Dejar de jurar? Eso es imposible. Os ruego que… que… Vamos, mi general, ¡si es mi lengua materna!
La Hire le rogó con tal fuerza, que Juana le dio licencia para jurar por su bastón de mando, el sÃmbolo del grado de general. Él prometió hacerlo asà en presencia de Juana, y que lejos de ella procurarÃa no hacerlo nunca, aunque dudaba de conseguirlo, ya que se trataba de un hábito arraigado en su carácter, que le servÃa como desahogo y esparcimiento en sus años de madurez.
El rudo y valeroso león marchó de allà bastante calmado y civilizado. Sin embargo, Noel y yo pensamos que fuera de la presencia de Juana, sus vicios volverÃan a dominarle, y acabarÃa por no ir a misa. Pero esa mañana nos levantamos temprano para comprobarlo.