Juana de Arco

Juana de Arco

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Conservó la serenidad, afirmando que era una lástima que los ingleses insistieran en caminar hacia el desastre y a su propia destrucción desoyendo los esfuerzos que ella estaba «haciendo para que pudieran salir del país con sus vidas aún dentro de sus cuerpos». Luego, ideó una solución aceptable para las dos partes, y ordenó a los heraldos: «Id de nuevo y decid esto de mi parte a Lord Talbot: Salid de las fortalezas con vuestras huestes mientras yo conduciré a las mías. Si venzo, os iréis en paz fuera de Francia, si me vencéis vos, quemadme según vuestra voluntad». Yo no pude oír esto, pero Dunois sí, y lo contó. El desafío fue rechazado. El domingo por la mañana, sus Voces o un instinto especial, la advirtieron sobre algún peligro que amenazaba, de modo que envió a Dunois a Blois con la orden de que tomase el mando del ejército y lo condujese rápidamente a Orleáns. Fue una medida muy prudente, ya que encontró allí a Régnault de Chartres y a otros conspiradores de la Corte, favoritos del Rey, procurando por todos los medios dispersar el ejército y desbaratando los esfuerzos de los generales de Juana para trasladar las tropas a Orleáns. Intentaron convencer a Dunois, pero éste, que ya engañó una vez a Juana con tan malos resultados para él, no quiso participar en semejante conjura. Así que en poco tiempo dispuso al ejército para la marcha.



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