Juana de Arco

Juana de Arco

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Mis compañeros estaban tan enfadados como yo, al ver el comportamiento egoísta de Paladín, deplorando su buena suerte, lo cual nos irritaba todavía más. Nos comunicamos unos a otros nuestro disgusto, hermanados por la desgracia común y unidos frente al enemigo victorioso. Cada uno de nosotros hubiera querido llamar la atención de su amada, a no ser por aquel individuo que la entretenía todo el tiempo sin dejar nada a los demás. Yo había escrito un poema durante toda la noche anterior, en el que ensalzaba con delicados tonos los encantos de aquella dulce criatura, sin mencionar su nombre, pero de modo que pudiera ser fácilmente identificada. Sólo el título del poema, «La Rosa de Orleáns», ya lo descubría, a mi parecer. Describía a aquella rosa blanca, brotando del rudo suelo de la guerra, para luego, al contemplar con sus tiernos ojos la horrenda maquinaria de la guerra, ruborizada ante la pecadora naturaleza del hombre, la misma rosa que fue blanca, se tornó en roja. Ya veis. Se me había ocurrido a mí esa idea, completamente original. Pues entonces, la rosa exhalaba su dulce perfume sobre la ciudad amurallada, y cuando las tropas enemigas lo aspiraban, abandonaban sus armas a un lado y se dormían. También esto lo inventé yo. Así terminaba esa parte del poema. Después, la comparaba con el firmamento. Ella era la luna, y todas las constelaciones la seguían, con los corazones inflamados de amor, pero no les prestaba atención, pues «se creía que amaba a otro». Amaba a un pobre habitante de la tierra, que luchaba ardorosamente contra un cruel enemigo, para salvarla a ella de una muerte prematura y a su ciudad de la destrucción. Y cuando las constelaciones, desoladas por el dolor de ver a su amada enamorada de un hombre, sentían cómo se rompían sus corazones y sus lágrimas se derramaban, llenando la bóveda celeste con su brillo esplendoroso, pues las lágrimas eran estrellas que caían. La imagen resultaba atrevida, pero hermosa. Bella y patética, tal como la desarrollé hilvanada con la rima que la realzaba.


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