Juana de Arco
Juana de Arco —¡Ah! ¿Os gustarÃa? —exclamó Catalina—. ¡Pues en esta casa tenemos uno! ¿Os interesarÃa verle?
Se la veÃa tan agitada y hermosa, que PaladÃn afirmó rotundamente que sÃ. Y después, como tampoco los demás nos atreverÃamos a reconocer que nos daban miedo los fantasmas, con el corazón encogido nos unimos a la aventura fantasmal. La joven y sus padres mostraron gran contento, explicando que en su casa los fantasmas sembraban el terror desde hacÃa varias generaciones, sin encontrar a nadie dispuesto a descubrir la causa que impulsaba a tales espÃritus, ni a darles satisfacción y convencerles para que se apaciguaran.