Juana de Arco
Juana de Arco Catalina se levantó de un salto, aterrada y dispuesta a llamar de nuevo al médico inmediatamente. Juana la calmó y poniendo su mano en el hombro la hizo sentarse mientras le decÃa:
—Tranquilizaos. No estoy herida ahora. Pero informo sobre algo que sà ocurrirá cuando asaltemos la bastilla mañana.
Catalina puso cara del que intenta comprender una noticia desconcertante, pero no lo consigue. AsÃ, dijo con cierto alivio:
—¡Ah! ¿Una herida que vais a tener? Pero… pero ¿qué falta hace apenar a vuestra madre con una cosa que puede no suceder?
—Puede que NO —añadió Juana—. Pero sucederá.
Catalina seguÃa sin entender. Con tono ausente, dijo:
—¿Cómo que sucederá?… Eso es mucho decir. La verdad es que no logro comprenderlo… ¡Pero Juana, ese presentimiento es algo espantoso! Os quitará la serenidad y el valor. ¡Desechadlo! ¡Arrojadlo! Os hará desgraciada toda la noche y no servirá de nada, hay que esperar…
—Pero si no es un presentimiento. Es una realidad. No me siento triste. Son las incertidumbres las que me hacen sentir desgraciada, pero esto no es ninguna incertidumbre…