Juana de Arco
Juana de Arco —No —respondió Juana.
—¿Y por qué no?
—Pues… esto… yo… no querÃa hacerlo.
—¿No querÃas?
—No, padre.
—Entonces, ¿qué hacÃas con ellas?
—Las colgaba en la iglesia.
—¿Por qué no las colgabas del árbol?
—Porque se decÃa que las hadas no eran buenas y que era pecado concederles honores.
—¿Y tú crees que es pecado hacerles esos honores?
—Pues sÃ. Creo que debÃa serlo.
—Entonces, si no era bueno honrar a las hadas y si se decÃa que tenÃan algo pecaminoso, tal vez podrÃan ser amistades poco adecuadas para ti y los demás niños, ¿no?
—Lo supongo… SÃ, creo que sà —confirmó la niña.
—Entonces, resumiendo, la cuestión es asÃ: se trata de criaturas de origen dudoso que podrÃan ser perjudiciales para los niños. Y, ahora, dame una razón sensata, hija mÃa, si es que se te ocurre alguna, capaz de explicar por qué te parece injusto haberlas expulsado y qué sentido tendrÃa haberlas salvado de ello. En fin, ¿qué has perdido tú con eso?