Juana de Arco
Juana de Arco Ninguna otra muchacha en la historia ha logrado alcanzar una gloria tan alta como la conseguida por Juana aquella noche. Pero ¿eso le hizo perder la cabeza, o se gozó con la dulce música del homenaje y el aplauso? No. Otra chica, en su lugar, tal vez. Pero ésta, no. Tenía el corazón más sencillo y grande que haya existido nunca. Se fue derecha a descansar, como cualquier mujer fatigada. Y cuando las buenas gentes descubrieron que estaba herida y necesitaba reposo, cerraron el paso en su calle y se turnaron haciendo guardia toda la noche para que nadie turbara su sueño. Decían: «Ella nos ha traído la paz, y por lo tanto tiene derecho a disfrutar también de paz».
Todos estaban seguros de que al día siguiente la región aparecería limpia de ingleses y se mostraban de acuerdo en que los ciudadanos de aquella época y de las futuras, dedicarían siempre esa jornada a la memoria de Juana de Arco. La promesa se hizo realidad durante más de sesenta años. Así continuará siempre. Orleáns no olvidará jamás el día 8 de mayo[1] y nunca dejará de celebrarlo. Es el día de Juana de Arco… y es sagrado[2].