Juana de Arco
Juana de Arco —¡Ay de mÃ! ¡Pobres niños! ¡Pobres hadas! ¡Hasta ellas tienen sus derechos! Ella ha dicho verdad… Nunca pensé en esto. El Señor me perdone, tal vez no he obrado bien y por eso merezco un castigo.
Cuando le escuché estas palabras, supe que tuve razón al pensar que el sacerdote habÃa cometido un error serio al intentar convencer a Juana. Asà era. Eso me envalentono y me pregunté si yo serÃa capaz de confundirlo también de aquel modo. Después de pensar en ello me desanimé, puesto que yo carecÃa de dotes y de argumentos para dialogar con él como lo habÃa hecho Juana.