Juana de Arco
Juana de Arco El PaladÃn estuvo unos momentos reflexionando, hasta que luego, con un suspiro, exclamó:
—¡Dios mÃo, Dios mÃo! Vaya modo de ascender. Asà se demuestra el valor de la suerte. Pues bien: no me importa. No me gustarÃa ser yo un simple accidente. No me valdrÃa la pena. Prefiero haber llegado al lugar que ocupo gracias a mis méritos personales. Es mejor que subirse a caballo sobre el mismo sol en su cénit, pero tener que reconocer que yo fuera un mero accidente, con el riesgo de que algún otro pudiera arrojarme de allà por la fuerza… Para mà el valor personal lo es todo. Lo demás es basura.
En aquel momento, los clarines nos convocaron a asamblea y tuvimos que cortar la conversación.