Juana de Arco
Juana de Arco —Ellos tienen razón desde su punto de vista. Eso está claro. Yo comprometà mi palabra sin darme cuenta de lo que podÃa ocurrir. Pero no es justo que os llevéis con vosotros a estos pobres hombres. Son franceses, y no voy a permitirlo. El Rey pagará el rescate por cada uno de ellos. Esperad aquà y yo os traeré la respuesta de nuestro Rey. No les toquéis ni un pelo, porque os iba a costar muy caro.
Asà terminó el asunto. Los prisioneros quedaron a salvo, al menos de momento. Juana elevó sus peticiones ante el Rey y no aceptó evasiones ni dilaciones. El Rey, al ver su decisión, le permitió obrar según su voluntad, y ella galopó de nuevo a comprar los cautivos en su nombre, dejándolos en libertad.