Juana de Arco
Juana de Arco En cuanto acampamos, comenzaron las prisas y el ajetreo ruidoso de los preparativos solemnes. No tardaron en llegar hasta nosotros el arzobispo y los representantes de la ciudad. Detrás de ellos se concentraron multitudes de campesinos entusiasmados con sus banderas y músicas. Inundaron el campamento locos de alegría. Durante la noche, toda la ciudad trabajó febrilmente para engalanar las calles y construir arcos triunfales, adornando de flores la preciosa catedral por dentro y por fuera.
A la mañana siguiente nos levantamos temprano, ya que las ceremonias para la coronación daban comienzo a las nueve aproximadamente y se prolongarían al menos durante cinco horas. Nos dimos cuenta de que los soldados ingleses y borgoñones habían renunciado a cualquier pretensión respecto a un enfrentamiento militar con el ejército de Juana, y esperábamos encontrar las puertas abiertas amistosamente y a todo el pueblo dispuesto a recibimos con entusiasmo. Aquella era una jornada gloriosa, con un tiempo espléndido, aunque algo frío, pero sano y estimulante. Nuestros soldados se encontraban con una moral muy alta, y fue magnífico espectáculo verlos maniobrar en su salida del campamento, por grupos, hasta la marcha final que terminaría con la solemne ceremonia de la coronación.