Juana de Arco
Juana de Arco Pasado el episodio, De Arco deseaba que Juana le explicara lo que sentÃa en plena acción, con las centelleantes espadas cayendo sobre el enemigo, mientras los gritos y la sangre cubren el campo de batalla. Y también lo que ocurre en una desbandada, cuando los caballos en retroceso pisotean los cuerpos de los heridos, o las banderas caen de las manos de abanderados muertos y es preciso recuperarlas, y luego… ¡el pánico! ¡La huida veloz, y más tarde, el infierno y la muerte…!
Al preguntar estas cosas, el viejo se mostraba emocionado, recorriendo la habitación con grandes zancadas, hasta que, finalmente, tomó a Juana de las manos y, separándose un poco, la miró con atención y dijo:
—Y el caso es que no puedo comprenderlo. Pero si es tan menuda y tan fina. Con la armadura, todavÃa disimula, pero vestida ahora con esas elegantes ropas más bien parece un delicado pajecito, en vez de un feroz guerrero que galopa en la oscuridad y respira el humo de la pólvora. Me gustarÃa verte en la guerra, para contárselo a tu madre y que no pase miedo por ti. Eso la ayudarÃa a dormir tranquila a la pobre. Venga, hazme una demostración de las artes militares para que pueda luego explicárselas a tu madre.