Juana de Arco
Juana de Arco Y Juana lo hizo así. Primero dio una pica a su padre, y le enseñó a manejarla. También quiso recibir una lección de esgrima, y también Juana se entretuvo un rato con él. Resultaba divertido verla mover su espada, marcando tiempos, fintas y tirando a fondo. A su padre le daba miedo sólo empuñarla, de modo que se le escurría. Si se hubiera entrenado frente a La Hire, la cosa habría cambiado mucho. Él y Juana solían librar algunos asaltos. Yo los vi muchas veces. Los dos componían una atractiva estampa. ¡Qué ágil era ella! Se colocaba en pie, erguida, con los tobillos juntos y la espada lista frente al veterano general, dispuestos los dos a mostrar sus habilidades.