Juana de Arco
Juana de Arco —Están orgullosos de ti, niña —insistió Laxart—. SÃ. Más orgullosos de lo que ninguna aldea del mundo haya estado nunca por nadie. Es un orgullo legÃtimo, puesto que nunca hemos tenido una persona como Juana a lo largo de la historia. A todos sus niños, procuran ponerles nombres que recuerden su memoria. Al principio utilizaban solo el nombre de Juana. Luego, fue Juana-Orleáns y más tarde, Juana-Orleáns, Beaugency-Patay. Los próximos llevarán incorporados más ciudades, eso sin contar lo de la coronación, claro…
De repente, se produjo una interrupción. Un mensajero del Rey era portador de una nota destinada a Juana que yo leà por orden suya. El informe anunciaba que el Rey, después de consultar con los generales del Estado Mayor, se veÃa obligado a rogarle que siguiera al frente del ejército y que retirase la dimisión de sus cargos. Además, solicitaba inmediatamente su presencia con el fin de asistir a un Consejo de Guerra. Fuera, el redoblar de tambores y las voces militares de mando rompieron el silencio de la noche y anunciaron la llegada de la escolta de Juana.
Un profundo desconcierto se apoderó de ella, pero sólo duró unos momentos. Todo cambió y la muchacha añorante de su hogar dejó paso al Comandante en Jefe Juana de Arco, dispuesto a cumplir con su deber.