Juana de Arco
Juana de Arco —Cualquier persona en su sano juicio —que sea verdaderamente leal a su rey, no con falsas palabras— sabe que sólo hay una decisión razonable: ¡La marcha sobre ParÃs!
La opinión de Juana fue reforzada por el puño de La Hire, quien lo abatió con violencia sobre la mesa. La Tremouille, blanco de ira, logró dominarse y conservar la serenidad. El aire desganado del Rey se animó, y sus ojos brillaron como inflamados por el espÃritu belicoso escondido en su interior que habÃa puesto en movimiento la actitud noble y valerosa de Juana. Ella esperó a ver si el Primer Ministro La Tremuille deseaba responder, pero el astuto polÃtico sabÃa aguardar el momento oportuno y prefirió callar.
Tomó el relevo el untuoso Canciller de Francia, que se dirigió a Juana en tono persuasivo:
—¿Creéis que serÃa elegante, Excelencia, iniciar de repente nuestra marcha militar sin esperar la contestación del duque de Borgoña? Quizá ignoréis vos que hemos iniciado negociaciones con su Alteza el duque y que, probablemente, acordemos una tregua de 15 dÃas entre los combatientes. Él se comprometerá a que ParÃs se entregue sin lucha en nuestras manos, evitando batallas y esfuerzos en desplazar un gran ejército hasta la capital.