Juana de Arco
Juana de Arco —¡Alto! —bramó el Canciller—. SerÃa una locura ofender de ese modo a su alteza el Duque de Borgoña, ya que, gracias al tratado que vamos a concertar con él…
—¡Conque un tratado que vais a concertar!… ¡Pero si os ha despreciado y desafiado durante años y años!… ¿Ha sido vuestra capacidad persuasiva la que ha convencido al Duque para suavizar sus modales? ¿Y cómo es que ahora escucha vuestras proposiciones? ¿Sabéis por qué? Han sido los tremendos golpes que les hemos propinado ¡Es la única lección que entiende ese testarudo! ¿Qué le importan a él los modales corteses? Hacer un tratado con nosotros… por favor, caballeros… Entregarnos ParÃs, ¡qué ocurrencia! La propuesta harÃa reÃr al gran Bedford. Qué jugaba tan torpe… Hasta un ciego verÃa que ese acuerdo, con los 15 dÃas de tregua, sólo es una excusa para que Bedford tenga el tiempo necesario para reunir sus tropas y lanzarlas contra nosotros. Y, asÃ, continúan las traiciones… Convocamos Consejo de Guerra cuando no hay nada que aconsejar. Mientras tanto, Bedford no necesita Consejo alguno para saber lo que hará contra nuestro ejército. También sabrÃa qué hacer si estuviera en nuestro lugar: ¡Colgar a los traidores y marchar contra ParÃs! Por favor, Majestad, el camino está abierto, ParÃs nos llama, Francia nos lo exige, una sola palabra vuestra y…