Juana de Arco
Juana de Arco Sí que era él. Nuestro encuentro fue alegre, como es de suponer, pero también triste. No nos atrevíamos a pronunciar el nombre de Juana. Hablábamos de «ella», pero su nombre no nos salía. Comentamos que el viejo D’Aulon, autorizado por el duque de Borgoña, continuaba a su servicio. Juana era tratada con el respeto debido a su rango y a su carácter de prisionera de guerra, capturada en una batalla honrosa. En el mismo plan siguió —como supimos después— hasta caer en las manos de aquel maldito Pierre Cauchon, obispo de Beauvais.
Noel dedicó palabras de alabanza y afecto a nuestro viejo y fanfarrón abanderado, reducido para siempre al silencio. Terminaron sus batallas, reales o imaginarias. Había acabado su tarea, cerrando su vida con honor.