Juana de Arco
Juana de Arco —He repetido siempre que no me está permitido decirlo todo. Se me pondrá en libertad. Pediré permiso a mis Voces para deciros lo que deseáis saber. Solicito el tiempo necesario.
—¿Vuestras Voces os prohÃben decir la verdad?
—¿Queréis conocer detalles sobre el futuro del Rey de Francia? Pues os repito que reconquistará su reino. Lo sé tan cierto como os veo delante de mÃ. Me habrÃa muerto de pena, de no ser por esta revelación, que me sirve de mucho consuelo.
Le hicieron preguntas vulgares sobre el aspecto del arcángel San Miguel y de sus vestidos. Respondió con dignidad, pero con pena.
—Me da mucha alegrÃa ver al arcángel, porque a su lado tengo la sensación de estar en gracia de Dios. A veces, Santa Catalina y Santa Margarita me han permitido que les confiese mis sufrimientos.
Estas palabras parecÃan apropiadas para tender alguna de las trampas contra Juana.
—Si os confesasteis con ellas, ¿pensabais estar en pecado mortal?
Como las respuestas no sirvieron para sus malvados fines, volvieron al asunto de las revelaciones al Rey. Secretos que el tribunal intentaba conocer por todos los medios, sin éxito.
—¿Y por lo que se refiere a la señal que le fue dada al Rey?