Juana de Arco
Juana de Arco ¿Pensaba en la hoguera o en la horca? Creo que no. A mà se me ocurrió tal posibilidad, pero ella debió pensar en el martirio lento y cruel de las cadenas, la prisión y los malos tratos, ya que verdadero martirio representaba todo aquello. En esos momentos era Juan de la Fontaine el encargado de formular preguntas. Intentaba sacar el máximo partido posible a las palabras de Juana.
—Si las «Voces» os han adelantado que iréis al ParaÃso, entonces, estáis segura de que no seréis condenada al infierno. ¿Es asÃ?
—Creo lo que me han anunciado las Voces. Sé que me salvaré.
—Esa es una respuesta digna de considerar.
—Para mÃ, la certeza de mi salvación es un regalo del cielo.
—¿Creéis, después de esta revelación, que podrÃais cometer pecado mortal?
—En cuanto a eso, no podrÃa asegurarlo. La esperanza de salvarme la tengo en ser fiel a mi promesa de conservar puros mi cuerpo y mi alma para Dios.
—Entonces, ante la seguridad de vuestra salvación, ¿consideráis necesario acudir a confesaros?
La trampa habÃa sido tendida con astucia, pero la respuesta, sencilla y humilde, dada por Juana, la libró de caer en el cepo.