Juana de Arco
Juana de Arco —No las someteré más que al juicio de Nuestro Señor, que me envió. Creo que Cristo y su Iglesia son una sola cosa, y no hay más complicaciones. ¿Por qué encontráis siempre dificultades donde no existen?
Juan de la Fontaine rechazó su creencia en una sola Iglesia. Según él, habÃa dos: la Iglesia triunfante, compuesta por Dios, los santos y los ángeles, situada en el cielo; y la Iglesia militante, formada por el Santo Padre, Vicario de Cristo, la JerarquÃa, el clero y todos los buenos cristianos. Esta Iglesia se encuentra en la tierra, está dirigida con el auxilio del EspÃritu Santo, y no puede equivocarse. Para terminar, concluyó:
—¿No someteréis, pues, todas estas cuestiones a la Iglesia militante?
—Fui envidada al Rey de Francia por la Iglesia triunfante, asà que sólo ella podrá juzgar mis actos. Para la Iglesia militante no tengo en este momento ninguna otra respuesta.
El tribunal tomó nota de la clara negativa de Juana a responder ante sus jueces, con la esperanza de aprovecharla contra ella. El tema se aplazó para mejor ocasión, volviendo a las hadas, las visiones, la ropa masculina y todo lo demás. Esa tarde, el malévolo obispo tomó la presidencia de las últimas fases del proceso. Al terminar, uno de los jueces efectuó la pregunta: