Juana de Arco
Juana de Arco En los días anteriores logró muchos golpes maestros, pero aquel fue «El Golpe Maestro» por excelencia. Era una apelación a Roma. Le sobraba derecho a hacerlo y, de haber insistido en su actitud, la conspiración del obispo se hubiese derrumbado sobre su cabeza como un castillo de naipes. Y él habría sufrido la mayor y más humillante derrota del siglo. Era atrevido y sin escrúpulos, pero no tanto como para negarse a satisfacer la petición de Juana, si ella hubiera insistido con decisión. Sin embargo, no fue así. La joven ignoraba este derecho suyo y no se dio cuenta del golpe decisivo que le había asestado al tribunal.