Juana de Arco
Juana de Arco Todo el recinto ocupado por las plataformas y la gran pira quedaba custodiado por soldados ingleses formando una barrera humana, con sus figuras firmes y sus brillantes armaduras de acero bruñido. Detrás de ellos, la inmensa planicie de cabezas humanas a la espera de acontecimientos. No se escuchaba el menor ruido, ni se apreciaba movimiento. Una luz plomiza se filtraba entre nubes grisáceas, mientras lejanos resplandores en el horizonte, acusaban la presencia de la tormenta. Al fin, la quietud se turbó. Al otro lado de la plaza, se oyó el ruido de las voces de mando y de la tropa que dividía en dos la masa humana. Mi corazón me traicionó. ¿Ya estaba allí La Hire y sus diablos? No. Ellos no marchaban así. Se trataba de la prisionera, Juana de Arco, acompañada de sus guardianes.