Juana de Arco
Juana de Arco No la dejaron ni un momento en paz. Massieu comenzó a leer la fórmula de abjuración, y ella repetía las palabras automáticamente y sonriendo, pues daba la impresión de estar como enajenada, parecía muy lejos de allí, en un lugar más agradable. Entonces, el breve escrito inicial con la fórmula de abjuración, apenas de seis renglones, fue reemplazado por uno de varias páginas, sin que la aturdida Juana reparase en el cambio. Al contrario, se disculpaba de forma patética, explicando que no sabía escribir. Para salvar el inconveniente, un secretario del Rey de Inglaterra le llevó la mano para escribir al pie del documento su nombre: Juana.