Juana de Arco
Juana de Arco Al oÃr sus palabras, Cauchon perdió la calma, sobresaltado, asà que desapareció rápidamente de la celda. Juana se fue calmando, aunque de vez en cuando secaba sus lágrimas y algunos sollozos sacudÃan su cuerpo, cada vez más distanciados, hasta desaparecer. Después, levantó la mirada y vio a Pierre Maurice, que entró acompañando al obispo.
—Señor Pierre, ¿dónde me encontraré esta noche?
—¿Confiáis en Dios?
—SÃ, y con su gracia estaré en el ParaÃso.