Juana de Arco
Juana de Arco En la plaza del Mercado Viejo estaban dispuestas las dos plataformas y la pira que fue instalada en el cementerio de la iglesia de St. Ouen. Las plataformas se distribuyeron como la vez anterior: una, destinada a los grandes dignatarios, con el cardenal de Winchester y el obispo Cauchon al frente, quedando la otra reservada para Juana y sus jueces. El recinto se encontraba atestado de gente, distribuida por la plaza: incluso ventanas y tejados se veían llenos de una multitud expectante. Ultimados los preparativos, los ruidos se fueron calmando, hasta alcanzar una quietud solemne e impresionante. A una señal de Cauchon, el predicador, Nicolás Midi, inició un sermón explicando las razones por las que es necesario arrancar un sarmiento de la vid —que está representada por la Iglesia—, porque si no, el sarmiento enfermo podría corromper y destruir la totalidad de la viña. Dejó muy claro que Juana, por su perversidad infernal, suponía un grave peligro, amenazando la pureza y santidad de la Iglesia, por lo cual su desaparición era imprescindible para el bien de todos. Al final de su discurso, hizo una leve pausa y con gesto teatral, añadió:
—Juana, la Iglesia ya no puede continuar acogiéndoos bajo su protección. ¡Id en paz!