Juana de Arco
Juana de Arco Para simbolizar el abandono de la Iglesia, Juana fue situada en solitario, al extremo de la plataforma, sentada, a la espera de su fin. Cauchon intervino en esos momentos y se dispuso a dirigir las últimas palabras a la condenada. Le aconsejaron que leyera públicamente la fórmula de la abjuración de Juana, pero cambió de parecer por temor a que ella lanzara al aire la verdad, descubriendo que abjuró sin saber lo que hacía, y resultara él avergonzado por la infamia. Así pues, se limitó a aconsejarle que recordara sus maldades y se arrepintiera de ellas, pensando en su salvación. Seguidamente, con solemnidad, pronunció la fórmula de la excomunión que la separaba de la Iglesia. Después de breves palabras, la entregó al representante del poder civil para que aplicara la sentencia y su castigo.