Juana de Arco
Juana de Arco La densa humareda negra dejó paso al chisporroteo de las llamas, que fueron creciendo de volumen hasta que la ocultaron con su intensidad. Desde el centro del fuego se dejó oÃr la voz de Juana, fuerte y segura en su oración. Cuando, en algún momento, el aire despejaba algo el humo, se veÃa su cara elevada al cielo y los labios en callada plegaria. Por fin, una ola de fuego la envolvió por completo, desapareciendo para siempre la imagen y la voz de Juana de Arco.
SÃ. ¡Nos habÃa abandonado Juana de Arco! ¡Qué débiles resultan las palabras cuando se trata de expresar que el inmenso mundo se nos quedaba ya vacÃo y pobre!