Juana de Arco

Juana de Arco

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Tras la muerte de Juana, Noel y yo regresamos a Domrémy, pero después, cuando el Condestable Richemont consiguió eliminar la influencia nefasta de la Tremouille y le hizo abandonar el cargo de primer Canciller del Consejo del Rey, al reanudarse las guerras contra los ingleses, volvimos a empuñar las armas y tomamos parte en todas las grandes batallas hasta que Francia quedó libre definitivamente. Eso era lo que Juana habría deseado que hiciéramos y, viva o muerta, sus intenciones se convertían en leyes paira nosotros. Los supervivientes de su antigua escolta personal, fuimos fieles a su recuerdo, combatiendo por el Rey hasta el final. En muchas ocasiones, peleábamos en lugares distintos, pero cuando la toma de París nos reunimos todos en la campaña. Aquel fue un día de júbilo, pero también una triste jornada, pensando que Juana no estaba allí para formar en la comitiva que entró victoriosa en la capital conquistada.

Noel y yo vivimos siempre juntos y le acompañé en el momento de la muerte, ocurrida en la última gran batalla de la guerra. En la misma acción murió también uno de los obstinados enemigos de Juana, sir Talbot, que a los 85 años había pasado toda la vida peleando. El viejo león, con su cabellera blanca flotando y su espíritu indomable, combatió aquel día con un temple tan caballeroso y fuerte, que no podría igualarlo el más valiente y joven de sus soldados.


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